46j // Café

“Y en el final del iracundo
mar, en la lluvia del océano,
surgen las alas del albatros
como dos sistemas de sal,
estableciendo en el silencio,
entre las rachas torrenciales,
con su espaciosa jerarquía
el orden de las soledades.”

Pablo Neruda

Deseos del anochecer. Barcos. Veleros. Algo que navegue. Viajar. Lejos. Una playa. El mar. Es tan lejano ese objeto de deseo, como usted. Y eso que anoche lo traje de vuelta. Le permití todo, me permití todo. Fuimos hermosos. Por eso hoy quiero el mar. Y el mar es usted, doctor. Aunque no quiera, lo es. Ni se imagina, (¿o sí?), las cosas que hace cuando lo llamo. Pero además, es el mar. Me envuelve, me hamaca, me desarma, me acuna, me dirige. Lo navego, con mis velas imaginarias. Me dejo llevar. Usted es el mar. Y yo lo deseo.

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